viernes, 17 de febrero de 2017

Tres mujeres demuestran a los jóvenes que es posible alcanzar los sueños y conservar la naturaleza


A los muchachos les habría satisfecho la sabiduría de Elba y el aplomo de Carmen, pero sobre todo se conectaron con la conmovedora historia de Margarita quien abrió desde su experiencia una ventana para demostrar que Mi conuco en la Sabana es posible. Fotografía: FMA

Por Morelia Morillo

A pesar de que todo a su alrededor son huecos mineros,  Margarita insistió y ahora mismo saca provecho de las sabanas arenosas en donde vive; hace cinco años, Carmen Raquel Benavides tuvo que echar a quienes pretendían perforar el río  Manak Karán, conocido por lo no indígenas como El Cajón, a cambio de oro y está a poco de inaugurar un parador turístico y su hermana Elba Benavides continúa sembrando con especies autóctonas los alrededores de la laguna con la que colinda el patio de su casa en la comunidad de El Paují o Karawararé Tuy, un espacio en donde la quema suele devorar la vegetación año tras año.

Ellas son un trío de soñadoras que ha perseverado y que sirve de modelo para que los más jóvenes se den cuenta de que es posible materializar los sueños sin necesidad de ir a la mina.
Las tres están trabajando para ellas, para sus familias y para su comunidad, como beneficiarias del Programa de Pequeñas Donaciones del Fondo para el Medio Ambiente Mundial de la Organización de las Naciones Unidas (FMAM-ONU), en alianza con la Fundación Mujeres del Agua (FMA), el Consejo Comunal Karawaré Tuy y la Asociación Civil La Cosecha.

Se dedican a la recuperación de las áreas intervenidas por la minería, desde el vivero hasta la cogida y el procesamiento de alimentos, con lo cual aprovechan al máximo la producción. Margarita se ocupará de hacer casabe y Marelly Parilli, otra de las vecinas de la comunidad, de deshidratar los frutos propios del conuco pemón: la piña, el cambur, la lechoza.

Pero además están empeñadas en abrir sus patios a la comunidad, para que otros se percaten de lo que están haciendo y se entusiasmen con el ejemplo.

Por eso, entre noviembre y enero pasados, Elba, Carmen y Margarita recibieron a los estudiantes de quinto año de la Unidad Educativa Nacional El Paují, en el marco del Proyecto  Educativo Integral Comunitario (PEIC) cuyo tema es el Diseño de un Sistema agroforestal taurepán combinado.. 

Durante las visitas, los muchachos se conectaron con tres experiencias cercanas que demuestran que sí es posible producir y cuidar de la naturaleza.

Elba Benavides, presidenta de la FMA, compartió con ellos en su vivero, un lugar en donde germinan y crecen especies locales cuyos nombres  y usos sólo recordaban los abuelos.

Margarita les confesó que, cuando dijo que iba a sembrar en los arenales, que a su paso iba dejando la mina, todos creían que "estaba loca" y ahora crecen las yucas y otras plantas; con el financiamiento, logró hacerse con las herramientas para trabajar y está a poco de fabricar y echar a andar la casabera que le permitirá hacer el pan de los pemón para su familia y su comunidad.

 Y Carmen Raquel  les habló de sus años de lucha por conservar el sitio en donde crecieron sus hijas, de cómo logró sacar del lugar a los mineros y mantenerlos lejos de los alrededores, les mostró los avances de su proyecto de turismo y el sendero de interpretación de la naturaleza que busca acercar a los visitantes al conocimiento del hábitat de este pueblo indígena.

A los muchachos les alegró la sabiduría de Elba y el aplomo de Carmen, pero sobre todo se conectaron con la conmovedora historia de Margarita quien abrió desde su experiencia una ventana para demostrar que Mi conuco en la Sabana es posible.






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