viernes, 13 de mayo de 2016

La crisis y el oro disparan la prostitución en Gran Sabana

En los sitios en donde antes trabajaban fundamentalmente brasileras, ahora laboran mujeres venezolanas. Fotografía: Morelia MorRas

Por Morelia Morillo
De manera alarmante, el elevadísimo precio del oro, el aumento de la minería y la crisis económica que vive el país han determinado el aumento de la prostitución en Santa Elena de Uairén y en las zonas mineras de la Gran Sabana, en el sureste de Venezuela. Mujeres que llegan para prostituirse aquí.

En Santa Elena, la principal ciudad de una región en donde prolifera la minería, los compradores pagan por un gramo de oro entre 28 000 a 32 000 bolívares. Mientras en el resto del país hay una crisis económica terrible, en esta zona hay mucho efectivo en las calles y mineros dispuestos a pagar por sexo.

Zaida Almeida, vice presidenta del Concejo Municipal de Gran Sabana y quien trabajó durante décadas en Ikabarú, dijo que en esa parroquia "siempre las hubo (prostitutas), pero no como ahora (…) De 13, de 14, de 15 años".

Ikabarú es la segunda parroquia del municipio Gran Sabana, se calcula, según Almeida, que el 80% de la población se dedica a la minería.

Relató que, recientemente, un sargento de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), que está asignado a la localidad, pidió a las menores de edad los números de teléfono de sus madres. "Eso y que chillaban y las llamó para que las buscaran". Las madres se sorprendieron al saber en dónde y en qué andaban.

Los concejales, dijo Almeida, han tratado el tema "pero cuando se cierra una puerta (dijo refiriéndose a los prostíbulos) se abren 1000".

Nuestra compañera Valdirene Santos publicó un post a finales de año en este blog: "El día cuatro de diciembre, en la población de El Paují, estaba yo sentada en mi bodega, cuando vi una camioneta pickup llegar, estaba llena de mujeres jóvenes y no tan jóvenes, ellas se bajaron a comprar útiles personales, se veía que eran prostitutas, lo cual nos confirmó el chofer diciéndonos que las llevaba a trabajar para las minas de Perro Loco", zona minera de la Parroquia Ikabarú.

Mercedes Castro, otra de nuestras compañeras de la Fundación Mujeres del Agua, nos contó que visitó la mina de San Miguel de Caracol en 2015.

De carpa en carpa y de barraca en barraca vagaba una chica a quienes los mineros, indígenas y no indígenas, llamaban "una grama" porque ofrece su cuerpo a cambio de un gramo de oro. La chica es indígena pemón. Se dice que a pesar de su juventud y belleza contrajo el HIV en la mina conocida como Apanao.

Liza Henrito, funcionaria de Salud Indígena del Ministerio de Salud, comentó que también en las comunidades ha aumentado la prostitución al igual que la minería.

Dijo que las autoridades comunales tratan de controlarla imponiendo normas: Si la mujer que se prostituye es casada se le expulsa de la comunidad, al igual que al hombre que paga por sus servicios. Las solteras practican la prostitución tratando de que nadie se percate y por eso, bajo amenaza, sus clientes dejan de pagarles.

En Kaurapí la capitanía quemó varios burdeles, luego de sacar de ellos 26 prostitutas entre extranjeras y venezolanas. "Están haciendo una limpieza".

Una funcionaria del Centro de Coordinación Policial Gran Sabana de la Policía del Estado Bolívar dijo que "ellas empezaron a llegar desde el mes de febrero de 2015, por los sueldos, por la escasez de comida, porque todo estaba más caro".

Según esta fuente dicen ser enfermeras, ingenieras, maestras, administradoras, abogadas; proceden de Caracas, Valencia, Barquisimeto. "Vienen porque dicen que el dinero que cobraban en sus empleos no sustenta la comida y no les alcanza ni para vestir a sus hijos".

La enfermera asignada a la Unidad de Enfermedades de Transmisión Sexual del Hospital Rosario Vera Zurita nos dijo que cada día reciben de cinco a seis "meretrices" y que al cierre de la semana contabilizan alrededor de 20 certificados.

Tienen edades entre 19 a 53 años, "antier vino una de 51 años". La mayoría le cuenta que llegan para trabajar en los clubes nocturnos, algunas para desempeñarse independientemente. Sólo algunas se aventuran hasta Ikabarú.

"Donde haya bulla minera, ellas van. Ellas vienen bajando desde El Callao, Guasipati, Tumeremo, Las Claritas y donde puedan trabajar, trabajan". Estos son los pueblos del sur del Estado Bolívar, ubicados antes de Santa Elena.

Son de Maracaibo, Maracay, Valencia, Miranda, Táchira. En el tiempo que ella lleva en el cargo, alrededor de un año, conoció a una dominicana, a una brasilera y a una cubana, pero a ninguna indígena, "son criollas todas y no son de la zona (…) Ellas duran tres meses y después se van", regresan a sus sitios de origen.

Le cuentan que, por noche, cada una recibe de cinco a seis clientes, las que entran a las zonas mineras cobran en gramas de oro.



lunes, 25 de abril de 2016

Abogadas brindaron orientación a la comunidad de El Paují por caso de violación

La mujeres de la comunidad se han organizado con el propósito de que este caso sea castigado y que no se repita. Fotografía: Morelia Morillo

Por Morelia Morillo
El martes 19 de abril, las abogadas Betty Lurúa y Celina Daniels visitaron la comunidad de El Pauji para conversar con un grupo de vecinos con respecto a las instituciones y las leyes con las que cuentan para defenderse en caso de que se presente una nueva violación o un acto lascivo.

El Paují cuyo nombre indígena es Karawaré Tuy, una comunidad en la que conviven indígenas pemón y no indígenas, conocida por ser un lugar tranquilo y hermoso, fue sacudida hace mes y medio por un hecho nefasto: la violación de una niña de cuatro años por parte de un miembro de su familia.

Adicionalmente, en una asamblea comunal, se conoció que al menos dos mujeres más habrían sido víctimas de ese sujeto. El hombre fue denunciado, apresado e inexplicablemente liberado. Se cree que, por el desconocimiento acerca del tema, durante el proceso de denuncia se cometieron errores y que las instancias correspondientes  no han procedido con la celeridad que la situación amerita, pues además de hacer justicia el objetivo es que este hecho no se repita.

Por tanto, las mujeres que forman parte de los consejos comunales Karawaré Tuy y El Paují, así como el capitán Rogilio Campino promovieron esta actividad del 19, para aclarar dudas y apoyar a la madre de la niña. Por su parte, la Fundación Mujeres del Agua  respaldo el esfuerzo comunitario que implicó llevar a las abogadas hasta esta comunidad ubicada a 80 kilómetros de Santa Elena.

Más allá de los argumentos jurídicos, las sugerencias de ambas abogadas apuntaron especialmente a la prevención basada en el amor, en el fortalecimiento de los valores y en la solidaridad dentro de la familia y de la comunidad.

Ambas insistieron en que para evitar la violencia hay que dar amor a los hijos e hijas, enseñarles el respeto por la libertad, apoyar a la madre de la niña abusada en el seguimiento del caso y en la recuperación sicológica de ambas y estar siempre vigilantes ante este tipo de acciones pues estamos tanto en el derecho como en la obligación de formular las denuncias cuando sea necesario.

"Los niños y niñas son prioridad absoluta", dijo Lurúa.

Betty Lurúa, quien fue defensora de los niños, niñas y adolescentes, invitó a conocer nuestros derechos contemplados en la Constitución de la República Bolivariana y en la Ley Orgánica para la Protección de Niños, Niñas y Adolescentes (Lopna) y a demandar acciones concretas de parte de los funcionarios del Estado Venezolano y que, de lo contrario, "merecen sanciones".

El proceso
En Santa Elena, capital del municipio Gran Sabana, el más distante hacia el extremo sureste del país, existen instituciones facultadas para recibir una denuncia e iniciar una investigación de este tipo: la Fiscalía del Ministerio Público, el Tribunal Municipal, el Destacamento de Fronteras y los puntos de control fijos de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), la Coordinación de la Policía del Estado Bolívar y el Consejo de Protección de Niños, Niñas y Adolescentes.

E igualmente quedó claro que cualquier profesional de la salud, sea comunitario, público o privado, está en la obligación de levantar un informe y notificar a los organismos pertinentes cuando sepa de un caso de esta naturaleza.

Ambas insistieron en que, una vez formulada la denuncia, lo importante es acompañarla, que tanto la víctima como sus familiares, vecinos y organizaciones comunitarias le den seguimiento y vida a esa demanda.

Recordó que las personas que son objeto de violencia "se creen culpables y no son capaces de hablar, creen que son ellos quienes generan esa violencia" y que por tanto es responsabilidad de la familia y de la comunidad acompañarlos en la búsqueda de justicia, un proceso que, con frecuencia, resulta largo.

El capitán Rogilio Campino desmintió que este tipo de acciones forme parte de la cultura pemón y por el contrario recordó que él mismo sirvió de intérprete en una oportunidad, ante un hecho similar y que fue un tribunal ordinario el que no estableció un castigo acorde a la gravedad del delito.

Como defensora de la mujer pemón, Celina Daniels insistió en que "nuestras propias autoridades vulneran nuestros derechos como mujeres, entonces nosotros tenemos que unirnos" y desarrollo especialmente el tema religioso tomando en cuenta que El Paují, como muchas otras comunidades de la Gran Sabana, es un asentamiento fundamentalmente adventista.

Dijo Daniels que Dios creo tanto al hombre como a la mujer libres y que de acuerdos con los textos bíblicos los propios israelitas establecían duras sanciones para aquellos que incurrieran en abusos sexuales.

Como producto de este encuentro, el Comité de Protección de Niños, Niñas y Adolescentes del Consejo Comunal se comprometió a apoyar a la madre de la niña afectada en el seguimiento del expediente y Celina Daniels dijo que intervendrá para que la sicóloga que trabaja para un centro de educación adventista de la zona atienda a la mujer y a su pequeña con la finalidad de que este hecho traumático deje en ellas las menores secuelas posibles.







  

sábado, 16 de abril de 2016

El paludismo pasa a ser una enfermedad urbana en Gran Sabana


Esta enfermedad, tradicionalmente asociada a la selva y a la actividad minera ilegal, se hace cada vez más recurrente entre los habitantes de la capital del municipio Gran Sabana. Los especialistas explican que esto se debe a la movilización de los enfermos, a la deforestación de los bosques cercanos, a las fallas del sistema de salud. Imagen: Cortesía.




Por Morelia MRs
Entre finales de marzo, y comienzos de abril, mientras la sequía, atribuida al fenómeno de El Niño, se posterga y las temperaturas se disparan, incluso durante la noche, en la precariamente urbana Santa Elena de Uairén, a los diagnósticos de zika y dengue entre las personas que viven y trabajan acá, entre aquellos que no suelen ir a las minas, se suman los de paludismo o malaria humana.

Santa Elena es la capital del municipio Gran Sabana, en el sureste de Venezuela, una ciudad de entre 25 a 30 mil habitantes, rodeada de áreas protegidas y de zonas selváticas en donde se practica la minería ilegal y se disemina el paludismo, una enfermedad transmitida por el mosquito anófeles.

Sin embargo, por su temperatura, los residentes de Santa Elena históricamente se han mantenido a salvo de esta dolencia caracterizada por fiebres, escalofríos, dolores musculares y de cabeza y  que incluso puede causar la muerte.

Durante la semana epidemiológica número 12, la última del mes de marzo, el Servicio de Vigilancia Epidemiológica del Hospital Rosario Vera Zurita contabilizó entre las dos parroquias que conforman el municipio, Gran Sabana sección capital e Ikabarú, un total de 371 casos, si bien los registros no discriminan entre los infectados en una u otra zona de la jurisdicción.

De los 371 casos, 272 padecen del tipo Vivax, 47 del falciparum y 52 de ambos es decir son casos en los que la sangre vista al microscopio reveló que el paciente se encuentra infectado con los dos tipos de paludismo que se presentan en la zona. Durante la semana epidemiológica número 12 del año 2015, el Servicio contó 79 casos de Vivax, 35 de falciparum y 58 mixtos, para un total de 172 casos.

Hay además otras dos comunidades en donde históricamente no se presentaban casos de paludismo y en donde recientemente existen docenas de enfermos: Chirikayén y El Paují, ubicadas a 27 y 80 kilómetros de la ciudad fronteriza. Dos sitios altos, antes frescos y cada vez más cálidos en donde poco o nada se practicaba la minería y en donde cada vez más se realiza esta actividad.

En el Servicio de Vigilancia Epidemiológica se cree que este cambio en la localización de la malaria se debe primordialmente a la sequía generada por el fenómeno de El Niño y a los cambios de temperatura. Explican que en un ambiente cálido el mosquito vive más y durante esas horas extras logra picar a una persona enferma, entre aquellos que llegan de las minas y luego infectar a una persona sana, entre aquellos que residen permanentemente en Santa Elena.

El personal de Epidemiología no descarta que esta modificación obedezca a la deforestación de los bosques próximos, pues el mosquito vive en zonas boscosas.

Se deforesta con fines urbanísticos, agrícolas o mineros, En los últimos 18 años, en Santa Elena se han consolidado al menos 18 invasiones, en espacios naturales y desde hace cinco años o un poco más existe una gigantesca mina en los límites entre la comunidad de Maurak y La Planta, un barrio urbano.

Adicionalmente, los adscritos a Epidemiología no poseen ni carros, ni equipos, ni químicos para fumigar, dependiendo así del apoyo de sus colegas brasileros.

A mediados de marzo, en virtud de la emergencia declarada en Brasil ante la proliferación del virus del zika, las autoridades epidemiológicas de ese país comisionaron a sus funcionarios y siete camionetas fumigaron el flanco venezolano de la frontera. Desafortunadamente, las fumigaciones posteriores no se hicieron en los tiempos óptimos. Ahora se sabe que por petición de la Alcaldía de Gran Sabana, los brasileros van a enviar dos camionetas más, muy probablemente hacia las zonas mineras que es en donde hay más malaria.

La proliferación del paludismo en la zona urbana ya se dio durante la sequía entre los años 2011-2012. Pero en aquel momento sólo se diseminó el Vivax y la temporada duró menos. Ahora, en La Planta, El Hospital, La Bolivariana, Cielo Azul, Guayabal, La Orquídea y Puerto San Rafael hay infectados.

Como no son mineros, los infectados ni siquiera sospechan acerca de la posibilidad de sufrir de este mal, lo cual los expone durante más tiempo a la presencia del parásito en su torrente sanguíneo. Por tanto, la recomendación es contundente: de momento, todo habitante de esta frontera que lleve más de tres días con los síntomas mencionados, debe hacerse una gota gruesa.

En la Unidad de Malariología Demarcación I de Santa Elena de Uairén aseguran que el origen del problema son las personas mal curadas, quienes al llegar de las minas son picadas por los mosquitos que luego infectan a los habitantes de la localidad, un factor al cual se suman las altas temperaturas, "el mosquito es más virulento, vive más, pica más, aunado a que no tenemos vehículo, no tenemos cómo fumigar", explicó un funcionario sin identificarse.

Los exámenes y los tratamientos son gratuitos. Sin embargo, no siempre las dependencias de salud están en capacidad de colocar en manos del paciente, desde el momento del diagnóstico, la cantidad total de pastillas que debe tomar.

Pedro Clauteaux, especialista en malaria con años de experiencia en la zona, cree que el problema radica en las personas mal curadas, portadores de un parásito que posteriormente es transmitido por el anófeles a una persona sana, incluso fuera de la zona comúnmente vinculada a la acción de estos insectos.


Explicó que –eventualmente- si llegan tres pacientes el tratamiento se reparte entre los tres y se les pide que vuelvan por el resto. No obstante, uno regresa en el tiempo indicado, el segundo retorna con retraso y el tercero no vuelve porque se siente bien, pero, en determinadas condiciones (como, por ejemplo, sequía, calor y fallas en cuanto fumigación) puede transmitir la enfermedad.

Yo estuve en #Tumeremo

Mientras unos se mantenían obstruyendo el tráfico, con palos, cuerdas, piedras y un altar de flores frente a la pancarta con las fotos de sus desaparecidos ya identificados, los otros se aglomeraron frente a la sede del CICPC y con sus teléfonos celulares tomaban fotografías del camión


Por Morelia Morillo

El sábado  cinco de marzo, en el momento en que me disponía a regresar a Santa Elena de Uairén, me topé con la tranca de a la altura del Terminal de Pasajeros de Tumeremo, capital del municipio Sifontes del estado Bolívar, un pueblo de tradición agrícola y, cada vez más minera, en el estado Bolívar, en Venezuela. La Troncal 10 es la única vía y no pude pasar.

Bajé del carro para saber qué ocurría y una mujer, y otra y un par de muchachos me contaron que entre la madrugada y la noche anterior "El Topo" y su gente le habían dado muerte al menos a 17 personas, a 22, a 28 a 32. No sabían muy bien la cifra puesto que a los conocidos se sumarían esos rostros sin nombre tan frecuentes en las minas de oro y diamante del sur extremo de Venezuela.

El ambiente era de angustia, dolor, desesperación. En ese primer momento, nadie aceptaba dar su nombre para respaldar una declaración, argumentando que El Topo elimina a quienes se atreven a delatarlo. Sin embargo, aseguraron que fue mediante los testimonios de los sobrevivientes como se enteraron de lo sucedido.

Dijeron que en las inmediaciones del Fundo Atenas reventó una bulla, un importante hallazgo de oro que atrajo a muchos. También dijeron que los del sindicato, es decir la banda armada, sometieron a los mineros y los ejecutaron, los desmembraron y los trasladaron hasta la mina de "El Topo" en un camión volteo.

Quienes se encontraban en el Terminal aseguraron que permanecerían allí hasta que el Gobierno les entregara los cadáveres de sus familiares, así, sin dudas, estaban seguros de que sus hijos, esposos, padres, madres, habían muerto.

Yo decidí devolverme a Puerto Ordaz y, sobre la Troncal 10, a la altura de El Cintillo, ante un punto de control de la Policía del Estado Bolívar (PEB), uno de los efectivos dijo así, con respecto a lo que sucedía: "Si usted es venezolano, debe saber que toda esta zona está bajo el control de los llamados sindicatos".

Esa noche, el gobernador de Bolívar, Francisco Rángel Gómez, negó el hecho y los medios oficiales difundieron su versión. Pero durante los días siguientes Tumeremo se convirtió en noticia, pasó a ser #Tumeremo, tendencia en las redes sociales y las instituciones civiles y militares se abocaron a la investigación .

El martes siguiente retomé mi viaje de regreso. De nuevo, frente al Terminal de Pasajeros de #Tumeremo me bajé para saber cómo iban las cosas.

Me encontré con familiares agotados, abatidos por el cansancio y el dolor y con una comunidad conmocionada por la detención, por parte del Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas (CICPC) del camión volteo en el que supuestamente habrían sido trasladados los cuerpos.

Mientras unos se mantenían obstruyendo el tráfico, con palos, cuerdas, piedras y un altar de flores frente a la pancarta con las fotos de sus desaparecidos ya identificados, los otros se aglomeraron frente a la sede del CICPC y con sus teléfonos celulares tomaban fotografías del camión.

El jueves 10, al menos 500 efectivos de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) tomaron #Tumeremo y disolvieron la tranca. El sábado 12, la fiscal general, Luisa Ortega, publicó en Twitter el nombre, foto y rasgos de uno de los presuntos responsable del hecho: Jamilton Ulloa Suárez, ecuatoriano, alías "El Topo".

Buena parte del país continuó cuestionando durante días si esta historia era o no un show mediático o al menos una verdad a medias, magnificada por los micrófonos, las cámaras y por el poder difusor de los medios independientes venezolanos, basados en plataformas web y redes sociales.

En cambio, quienes vivimos en las zonas mineras del estado Bolívar, en Venezuela, sabíamos ya de la existencia de los sindicatos armados, de los asesinatos, pero jamás de una acción masiva contra gente de un lugar tan cercano a nosotros como #Tumeremo.

El tiempo y las investigaciones determinaron la verdad: 17 cuerpos, de jóvenes de #Tumeremo aparecieron sepultados en una fosa cubierta de arena en el camino que lleva a una mina.

lunes, 11 de abril de 2016

             Agradecimiento a todas las organisaciones y fundaciones de mujeres.

quiero agradecer,a través de este blog,a todas aquellas mujeres,del mundo,que día a día,trabaja en su hogar, trabaja en su negocio y o tiene un empleo,para ayudar el sustento de su casa,que a pesar de eso participa también en,organisaciones,donde participa,en reuniones encuentros,dan c
harlas,hablan de su experiencias y comparte ,con muchas otras mujeres,de todas las edades de todas las razas,tenga el idioma que tenga,por eso mil felicitaciones,a todas.
yo,como miembro de una comunidad indigena,como miembro de la fundacion mujeres del agua,estoy orgullosa y agradecida con toda mis compañeras,que formamos parte de su directiva,y con toda las otras mujeres que hemos conocido,a traves de los años,que tenemos trabajando.Quiero decir a todas las organisaciones que hay en venezuela y en en todo el mundo,que no desmallemos, que sigamos luchando,que sigamos adelante con nuestros propositos y proyecto,sigamos adelante,porque queremos un mundo mejor para nuestros hijos para nuestros nietos,queremos,que en un futuro,tengan el mismo rio, el mismo bosque,una misma fauna,que puedan disfrutar,sanamente,que tengan animo de estudiar,que puedan salir adelate,y sobre todo queremos un gobierno que se preocupe con la educacion de nuestros jovenes,para que ellos se sientan motivado y digan, yo si voy a estudiar porque voy a tener un buen empleo,un buen sueldo para,realizar mis sueños..
Quiero tambien,agradecer y felicitar a todos aquellos hombres que nos apolla,en nuestros trabajos, en nuestros encuentros,felicitar a nuestros esposos,que nos ayuda y nos dan todo,su apollo y confianza,que siempre nos incentiva para seguir con nuestros trabajos, y felicitar a todos aquellos hombres que forman parte de las organisaciones a nivel mundial.....


escrito por: valdirene santos

jueves, 7 de abril de 2016

Violación en la comunidad de El Pauji

 

 



Por Manuela Gallini

El día lunes 14 de Marzo un acontecimiento cambió la historia de una comunidad tranquila como la del Pauji, Karaware-tuy. Un hombre, residente en la comunidad y con antecedentes penales violó presuntamente una menor de 4 años. Fue la tía junto a la madre las que se dieron cuenta primero y la llevaron al ambulatorio de la misma comunidad. Aquí la médico presente recibió la declaración de la niña “me duele aquí” indicando la vagina y a la pregunta “qué pasó?” contestó “mi tío me apoyó la bolitas cerca de mi totona”…, “aún olía a semen…”, declaró la doctora. Esta historia de terror no tardó en difundirse y en denunciarse a la capitanía, única autoridad presente en la comunidad. El día domingo 20 de Marzo se convocó una reunión general para discutir del tema y de la toma de posición de la comunidad. A partir de la creación de la LOPCI, ley de pueblo y comunidades indígenas, en el interior de las comunidades, los mismos habitantes en conjunto con su autoridad pueden tomar decisiones sin pasar por encima de los derechos humanos y la Constitución Bolivariana de Venezuela. Yo personalmente, como miembro integrante de la comunidad participé a dicha reunión y algo muy importante pasó ese día en esa ocasión.
La afluencia de participantes fue una de las mayores en los últimos años, el tema no dejó indiferente a nadie y la grande presencia de mujeres sugería la grande importancia del tema tratado. Madres, niñas y  adolescentes llenaban el aula con sus rostros probados por el dolor.
La reunión empezó con la intervención del capitán pero narrar su discurso no es la razón por la que estoy escribiendo. Quiero dar espacio a la voz de aquellas mujeres que tuvieron la fortaleza y la valentía de levantarse frente a la audiencia y compartir sus experiencias de malos tratos y violaciones. Voces entrecortadas retumbaban en la churuata, ojos llenos de lágrimas nos trasmitían sus dolores. Una de las intervenciones más tocante fue la de la mujer del hombre acusado que al mismo tiempo resulta ser la tía de la niña presuntamente violada. Con paso firme y seguro contó en su idoma taurepán como descubrió la pequeña en su habitación y el marido tumbado en la cama y como avisó a la hermana y a la médico. No se ahorró detalles y la rabia se trasmitía a través de su voz. El marido ya había sido acusado en diferentes ocasiones de violaciones de menores pero siempre había conseguido evadir la justicia por falta de denuncias y abundancias de perdono. Después de tantas veces por fin, coraje, cansancio y rabia prevalecieron al miedo y a la vergüenza. Triste es saber que esto habría podido evitarse con una condena anterior pero con orgullo quiero agradecer a la mujer su acto de coraje y valentía. Gracias a su declaración mucha más historias de violencias ocultas salieron a la superficie, muchas mujeres se desahogaron y confesaron sus más íntimos miedos y experiencias. De repente esa aula se había vuelto lugar de compartir y de confianza entre mujeres, el silencio que acompañaba aquellas voces rotas era el único sonido cargante.  La unión y la fuerza que nos unió es un lazo inolvidable, de un hecho tan horrible e infame se pudo sacar algo positivo, ahora queda la justicia. Al término de la reunión se redactó una carta con firma de todas las presentes mujeres y madres donde se denunciaba el hecho y el autor. Ahora el camino es largo y necesarias serán las fuerzas de todas estas mujeres para seguir en la lucha y pedir justicia y sobre todo para encontrar este hombre y detenerlo por sus acciones. Después de una denuncia de esta índole la mujer del acusado tendrá que mantener su valentía y seguir en el proceso sin rendirse ni ceder a sentimientos de compasión u miedo, por esta razón será necesario mantener la unión femenina encontrada en la asamblea, para ofrecer apoyo y seguridad cada vez que falte la tierra bajo los pies y sobre todo para que esto no se repita, para que cambiemos la historia de nuestra comunidad y para que nosotras nos unamos con un único objetivo: defender nuestros derechos en tema de genero desde la infancia hasta la viejez.
…Estamos al día 4 de Abril y aún nada…nada ha cambiado, el presunto violador sigue libre y las mujeres seguimos en la espera.
Unos días después de la asamblea la seguridad del pueblo fue a capturar el delincuente y a entregarlo a la policía como de lógica debería de hacer cualquier buen ciudadano, y en cambio que pasó? La policía no retuvo el sospechoso porque no tenía como alimentarlo el fin de semana, esta fue la justificación que nos dieron. Todo esto va en contra de las leyes y su constitución además de violar los derechos humanos, pero aquí, en el municipio Gran Sabana parece que los uniformados y encargados de mantener la paz y la seguridad se hayan olvidado de la justicia.
Al día de hoy no hay muchas informaciones, todas quedamos a la espera del resultado de ADN para poder nuevamente entregar el sospechoso a su justicia. Mientras tanto en el pueblo hay quien intenta olvidar los hechos, quien en cambio intenta justificar lo que pasó y quien aún no cree que esto haya pasado. Solo las mujeres en un miedoso silencio siguen hablando y actuando para que se haga justicia. Una cortina de niebla rodea este caso pero necesario es mantenerlo a la luz para que nadie olvide.

Baja el turismo durante Semana Santa en Gran Sabana

En un recorrido por la zona, pudimos constatar que a los paradores más populares: Kamoirán, Kawí, Kamá, Pacheco, Suruape y Jaspe llegaron visitantes, pero apenas la mitad o menos de los que llegaron durante los días santos de 2015. Fotografía: Morelia Morillo.


Por Morelia Morillo

"Más o menos bien", nos respondió Lisbeth Urbina cuando le preguntamos con respecto a sus ventas durante la Semana Santa 2016.

Ella es una madre trabajadora que desde hace más de una década se dedica a la venta de artesanía y cosmética de origen local en las inmediaciones de Rápidos de Kamoirán, una zona comercial ubicada sobre la Troncal 10 en el Sector Oriental del Parque Nacional Canaima, en la Gran Sabana.

Efectivamente, a pesar de que -por tradición- la Semana Santa es la temporada de mayor afluencia de turistas nacionales, los días de asueto de finales de marzo apenas se diferenciaron de un buen carnaval, una época que en la distante Gran Sabana no suele ser muy buena para quienes se dedican al negocio del turismo.

En un recorrido por la zona, pudimos constatar que a los paradores más populares: Kamoirán, Kawí, Kamá, Pacheco, Suruape y Jaspe llegaron visitantes, pero apenas la mitad o menos de los que llegaron durante los días santos de 2015.

También pudimos ver que la mayoría de los vehículos rústicos (acondicionados con parrillas de techo o camionetas pick up) se movilizaban con al menos 120 litros de gasolina por carro, cuatro pimpinas de 30 litros cada una.

Esto nos llamó la atención pues se trata de una práctica que antes fue controlada por los efectivos de los cuerpos de seguridad y orden público, ya que es considerada como riesgosa y que, sin embargo, se ha extendido. Los visitantes expresaron que saben de las deficiencias en el suministro de gasolina en esta zona fronteriza venezolana hacia el Brasil y que por eso viajan con sus reservas.

No obstante, el Operativo Semana Santa 2016 trajo a esta región dos estaciones de servicio móviles. En ambas bombas portátiles se formaron largas colas, con un promedio de espera por carro de una a tres horas. Corroboramos que los llamados "talibanes", contrabandistas de combustible que operan en Santa Elena de Uairén y el Kilómetro 88, en la capital de la Gran Sabana y en la población minera del municipio Sifones, aprovecharon la temporada y la presencia de las cisternas, así que salieron a pasear con sus familias pero sin abandonar el negocio.

Entre los comerciantes, operadores, guías y posaderos confirmamos que llegaron algunos viajeros procedentes de pueblos o ciudades cercanas como Las Claritas, Tumeremo, El Callao, Guasipati y Upata y que la mayoría de ellos viajó con todas sus provisiones, carpas, comida, carbón, agua mineral, hielo, de forma que consumieron lo mínimo a pesar de lo largo de la jornada.

Nicol Marcel, coordinadora de Proyectos de la Fundación Mujeres del Agua, nos comentó que también a la zona de El Pauji, en el municipio Gran Sabana, pero fuera del Parque Nacional Canaima, llegaron muy pocos turistas.

Marcel atribuyó lo ocurrido con el turismo a la crisis económica que afecta al país, al impacto causado por los sucesos ocurridos en Tumeremo durante las primeras semanas de febrero y temas como las fallas en el suministro de combustible y dinero en efectivo que afectan a esta zona de enorme potencial turístico.